Día 74 – 78: Siem Reap

Siem Reap Templos

Día 74

Sin incidencias a Siem Reap

Después del traslado desde Kampot hasta un punto indefinido,  nos subimos al Titanic de los autobuses a las 22:00. Está lloviendo y cambiamos nuestras cosas de vehículo en la penumbra, al lado de la carretera.

Dentro del bus ya hay varias personas, que vienen desde Sihanoukville y ya están durmiendo. El conductor nos indica nuestras camas (no estamos acostumbrados a tanta formalidad) y nos acomodamos. El interior está algo sucio, pero las camas son de las más cómodas que hemos tenido el placer de probar.

A las 2 de la mañana llegamos a Phnom Penh y el conductor anuncia que es la última parada que va a hacer. A partir de aquí el traslado transcurre con total normalidad, salvo por los parones que sufre el autobús por falta de fuerza en el motor.

Cada vez que entramos en un pueblo y/o el conductor reduce, el motor acaba deteniéndose y nosotros seguimos avanzando con la inercia que lleva el monstruoso vehículo. No hay suficiente potencia para llevar el aire acondicionado encendido a todo lo que da, mientras avanzamos. Con la experiencia que tuvimos en Dalat, las primeras veces no respiramos tranquilos hasta que vuelve a arrancar. A nadie más parece importarle y al final, nos quedamos durmiendo.

A las 7 en punto nos detenemos en la estación de autobuses de Siem Reap. Han pasado 11 horas desde que dejamos nuestro hotel en Kampot.

Por lo que hemos podido ver desde el bus, estamos bastante lejos del centro y de nuestro hotel, por lo que nos resignamos a coger un tuk-tuk. Tampoco estamos en condiciones de lucidez máxima y acabamos yéndonos con un conductor llamado Reamsong.

Antes de arrancar le pedimos que nos indique en un mapa dónde nos encontramos. Se queda dudando, le da unas cuantas vueltas, piensa un rato más y se decide por señalar un punto...y otro, y otro. Nos quedamos a la espera a ver si se decide. Tras unos minutos de tensión y varios intentos por señalar calles, se da cuenta que está usando un mapa de Phnom Penh. ¡Está más dormido que nosotros y ni se ha dado cuenta!

Lo curioso es que, a pesar de no sonarle nada el mapa, ha decidido señalar varios puntos en el mismo, a sabiendas de que algo no cuadraba.

En fin. Después de las risas generalizadas, nos dirigimos al hotel (sin saber dónde estamos todavía). Dejamos la locura de la autovía y recorremos la carretera que va pegada al río. Mucha vegetación y enormes árboles decoran todas las calles de Siem Reap.

Nuestro alojamiento es un pequeño hotel a las afueras del centro, situado en una calle residencial. Tiene su jardín y la zona parece agradable.

Como es tradición (y necesidad), tardamos menos de 5 minutos en quedarnos durmiendo. Como tenemos tiempo, aprovechamos para descansar y organizar nuestra visita a los templos para los próximos días.

Unas cuantas horas después y un poco más conscientes de dónde estamos, decidimos salir a comer. Llegamos hasta el río con las bicis gratuitas del hotel, para comer algo y volver. El sol está imposible y no nos apetece demasiado sudar la gota gorda para ir al centro. Decidimos volver para esperar al atardecer.

Una vez el sol del infierno se ha escondido, volvemos a las andadas. Para llegar al centro sólo debemos seguir la carretera al lado del río. Hay vegetación por todas partes, casitas pequeñas y hoteles inasequibles; todo envuelto en una estética colonial. A mitad de camino nos encontramos con una plaza abarrotada de camboyanos haciendo ejercicio (se lleva el aerobic).

En bici por siem Reap

El río que cruza la ciudad

Las calles se van animando conforme nos acercamos al centro. Las calles y los árboles están decorados con luces, que se reflejan en el río. Hay cientos de puestos de comida callejera barata (¡por fin!), personas paseando y algo de tráfico.

La ciudad como tal, aparte de los templos, parece tener su propio encanto.

Pub Street Siem Reap

Pub Street

Día 75

Amanecer en Angkor Wat

Como nuestro conductor del día anterior, nos había parecido un tipo majo (aunque despistado), y el precio que nos ofreció por dos días de tuk-tuk por los templos, nos pareció razonable (30$ dos días con amanecer y atardecer), decidimos contratar el transporte con él.

Ayer por la tarde quedamos con él por WhatsApp, para ver el amanecer y hacer el recorrido corto por los templos. Nos recoge a las 4 de la mañana.


Puntuales como somos, a las 4 menos 5 minutos estamos bajando a la entrada del hotel. Oscuridad absoluta. Tampoco hay nadie esperándonos.

Cuando llegamos a la valla de entrada al hotel, resulta que la puerta de acceso está cerrada con candado. Tocamos a la puerta de nuestra host, pero parece estar durmiendo más que profundamente. Viendo que el tiempo pasa y que no viene nadie, pero tampoco podemos salir a la calle principal, decidimos saltar.

Primero salta Héctor, pero nos detenemos a pensar que si nos vamos a la calle no tendremos Wi-fi y no podremos contactar con nuestro fallido conductor. Vamos a asegurarnos antes de tener que saltar con la valla con la falda que llevo, decidimos llamar al colega y resulta que está más dormido que en su vida. Esto no pinta bien.

Tras varios minutos esperando a que el señor volviera en sí y pudiera hablarnos con claridad, consigue explicarnos que ha enviado a otra persona en su lugar y que llegará a las 4 y media (aproximadamente). Todavía no nos explicamos por qué.

Nos fiamos (otra vez) de su palabra. Salto la valla armando un escándalo de narices, aunque sólo se despiertan las vacas de la casa de enfrente, y salimos a la calle principal a esperar a...alguien.

5 minutos después viene un tuk-tuk. Un muchacho medio dormido nos pasa el móvil para confirmar con Reamsong que nosotros somos los que tiene que recoger. Por fin ponemos rumbo a los templos.

Hacemos la primera parada en el gigantesco edificio de las taquillas. Ya hay varios tuk-tuk aparcados en la puerta y, en el interior, turistas haciendo cola en las ventanillas apagadas. Más que una entrada a un parque natural, parece un centro comercial; tiendas, cafeterías, ropa, etc.

Nos situamos en una de las colas con menos personas y a los 10 minutos de espera (ni siquiera han dado las 5) nos damos cuenta que estamos en la cola del acceso de 1 día. Maldita sea. Tanta prisa para tener que cambiar de taquilla en último momento. En los minutos que hemos perdido en la otra cola, el centro se ha ido llenando de turistas apresurados; pendientes de no llegar tarde al amanecer. Tiene pinta de que vamos a ser "unos cuantos" esperando a que salga el sol.

Conseguimos nuestro pase de 3 días (por 60 € cada uno) y volvemos a nuestro transporte. Queda casi una hora para el amanecer, pero las prisas de los guías y los turistas se contagian.

Llegamos a la entrada de Angkor Wat a las 5:30 (ya llevamos despiertos 2 horas). El camino apenas está iluminado y con la poca luz del alba, se pueden intuir las siluetas de las diferentes construcciones. Pasamos un camino de tierra y un puente larguísimo que cruza un lago, a paso ligero. Se nos ha ocurrido comprarnos un café antes de entrar y estamos dejando un rastro a nuestro paso.

Al final del eterno puente, por fin atravesamos la muralla que delimita el recinto de Angkor Wat. La enorme estructura se puede distinguir ya, al final del paseo, que se dirige al mismo centro. Unos metros antes de llegar al templo (cuyo acceso todavía permanece cerrado), el camino está flanqueado por un lago a cada lado, donde la gente está tomando posición para apreciar la salida del sol.

Todo está cubierto por césped y cada tantos metros se alzan palmeras altísimas hacia el cielo estrellado.

El lado izquierdo (el bueno) está abarrotado, por lo que, decidimos ir al otro; con el lago más pequeño. Queremos hacer buenas fotos, pero no nos apetece darnos codazos con los chinos para coger primera fila de lago.

Por fin conseguimos sentar los culos en un trozo de césped con (más o menos) buenas vistas al templo. Tanta actividad mañanera dejan a uno exhausto.

El cielo está más que despejado y el sol comienza a salir poco a poco, descubriendo a su paso el impresionante templo de Angkor Wat. Faltan ángulos para tanta foto que se merece este espectáculo.

El sol no ha asomado todavía por detrás del templo, pero la gente (y nosotros) empieza a dispersarse. Ya se puede acceder al interior. Nos perdemos en los pasillos de piedra y recorremos todo el recinto. Justo al otro lado no hay nadie; todo el mundo está haciendo cola para visitar la torre principal.

Templos de Siem Reap

 

Amanecer en Angkor Wat Siem Reap

 

Templo de angkor Wat

Templos Angkor Wat Siem Reap

El tiempo se nos echa encima. A las 8 hemos quedado con nuestro conductor. Hacemos todas las fotos que podemos y más; estamos como niños en un parque de atracciones.

Pero hay que seguir, así que, salimos del enorme recinto, deshaciendo nuestros pasos de madrugada y encontramos nuestro tuk-tuk a la espera de vernos salir. Le indicamos que queremos comprar algo para desayunar, pero nos insiste en esperar para llevarnos a un sitio mejor. Le dejamos claro que no queremos pagar la comida de turista, pero acaba llevándonos a un sitio carísimo de un "amigo" suyo.

Miramos la carta y le decimos que no queremos gastarnos eso si acabamos de ver un montón de puestos de comida barata. Se enfada y le decimos que pare en uno de ellos. Mientras tomamos nuestros sándwiches, él mismo se va a desayunar a un sitio de comida local. Insiste con la idea de que no podemos comer esa comida porque sienta mal a los turistas (¿después de 3 meses viajando nos viene con esas?).

Cometen el error de tratarnos a todos por igual y se equivocan enormemente, consiguiendo que no estemos a gusto. El resto del día, el conductor apenas nos dirige la palabra y cada vez que pasa por al lado de algún amigo se echa unas risas.

Lo peor es que vemos a todo el mundo interactuando y hablando con su conductor o guía, y a nosotros nos ha tocado el chulo de turno. En fin. Seguimos con la ruta y paramos en Angkor Tom; otro de los atractivos principales del parque.

Se trata de un templo, al que se accede por unas empinadas escaleras y cuyas torres y pilares están decoradas con cientos de caras talladas en las piedras. Impresionante...aunque un poco menos por los enormes grupos de turistas chinos que empiezan a llegar en masa.

Hacemos las fotos que podemos, entre la gente sudorosa y volvemos a las andadas.

Templo Angkor Tom

Angkor Tom Siem Reap

La siguiente parada es otro de los platos fuertes: Ta Prohm; una muestra impresionante de cómo la naturaleza ha seguido su curso entre las ruinas. Las enormes raíces de los árboles centenarios, se han abierto paso durante los años entre las paredes y techos del templo. Otro rincón mágico del que salimos (por desgracia) espantados.

No se puede explicar el agobio de coincidir entre los pasillos con grupos de 30 y 40 personas sudorosas, a las que les da igual ir con paraguas y sacarte un ojo, o empujarte para sacar un foto. Está claro que encontrarte con gente en un sitio tan turístico como éste es comprensible y normal, pero estos casos son otro nivel.

Templos Angkor Wat

Ta prohm Siem Reap

Ta Prohm Templos

Templos Siem Reap

Por suerte, el recorrido "corto" de hoy acaba en dos templos más pequeños y mucho menos abarrotados. No nos cansamos de descubrir rincones nuevos; patios medio derruidos por los que se filtra la luz, pasillos que acaban en medio de la selva...

No se puede tener suficiente de este espectáculo, pero nos hemos levantado a las 3:30 de la mañana y parecemos unos zombies vagando sin rumbo. Casi a las 2 del mediodía llegamos al hotel, para pasar directamente a la siesta.

Descansamos y apuramos para pasar a una hora en la que ya está bien visto cenar. Cogemos nuestras bicis y nos dirigimos hacia el centro, hasta empezar a ver los puestos de comida ambulante. Hay pequeñas mesas y taburetes en el césped al lado del río. Elegimos uno de los tantos "chiringuitos" y nos damos el homenaje que nos merecemos después del día de hoy.

Día 76

Ruta hasta el atardecer

Ayer quedamos con nuestro conductor a las 11:30 para realizar el recorrido largo, para ver los templos más alejados del parque y acabar viendo atardecer en uno de ellos. Antes de irnos, nos había pedido más dinero del que ya habíamos acordado en un principio con Reamsong. Le dijimos que no y nos fuimos.

Hoy, a la hora acordada, nos está esperando junto a otro "colega". Nos vuelven a transferir de conductor. Y éste habla menos inglés todavía.

El del día anterior vuelve a insistir con el dinero y acaba sacándonos 2 dólares más de lo acordado. Supuestamente por ver atardecer, para la gasolina, para la comida o para lo que mejor le convenga en ese momento. Al final, cedimos por no escucharle decir más tonterías y perderle de vista, pero con la condición de que nos lleve a comer a un sitio por no más de 3 dólares por persona.

El segundo día en el parque vale totalmente la pena, y descubrimos más maravillas. Hay algunos templos que se parecen entre ellos y los mezclamos con los de ayer (no hay un mapa decente con el que guiarse), pero acabamos descubriendo 4 ruinas más.

Paisajes Siem Reap

Templo Preah Kahn

Templos Siem Reap

Neak Pean Siem Reap

Templos

Efectivamente, después de parar en uno de ellos, el nuevo conductor nos acerca a los restaurantes, habla medio minuto con la camarera y nos confirman que de repente todos los platos valen 3 dólares (y no 7, que es lo que pone en la carta). Por lo menos esta parte nos ha salido bien.

Acabamos nuestro recorrido en el templo Pre Rup, una construcción alta y cuadrada, presidida por varias torres y rodeada por un mar de vegetación. Hacemos nuestro camino a la cima y tomamos posición para disfrutar de la puesta del sol. En realidad es muy pronto, pero estamos demasiado lejos de todo y nuestro tuk-tuk no está por la labor de gastar más gasolina.

Templo Pre Rub

Templo Pre Rub

Después de cientos de fotos y casi 2 horas de espera, disfrutamos del espectáculo junto con decenas de personas más que han ido tomando asiento a nuestro alrededor. No ha sido una sensación tan espectacular como el amanecer de ayer, pero ha valido la pena. Además, estamos un poco cansados de tanto sol y frustrados con las cámaras (ambas), que, justo estos dos días, han decidido dar problemas.

Satisfechos e impactados con nuestros descubrimientos volvemos a "casa" para descansar. Tenemos otro día para visitar el parque, pero mañana seguro que descansamos.

Día 77 y 78

Relax en Siem Reap

Hemos considerado la opción de hacer triplete y aprovechar el tercer día de pase, pero ya hemos visto bastante de las increíbles ruinas de Siem Reap, por lo que decidimos trabajar, descansar y descubrir esta entrañable ciudad con nuestras bicis "vintage". Unas horas de trabajo, un paseo por el río y cientos de rutas alternativas para nuestro viaje.

Los días han pasado tan rápido que apenas hemos sido conscientes de que apenas quedan 4 días para navidad. Quizá tampoco nos hemos enterado porque no nos hemos visto envueltos en las frenéticas compras de última hora y preparativos. Sin duda, van a ser unas fiestas muy diferentes (y relajadas) para nosotros.

Aprovechamos la calma de Siem Reap, también, para preparar nuestra inmersión el caos de Bangkok. Pasaremos nuestra navidad y noche vieja en Tailandia. ¿Y vosotros?

En bici por Siem Reap

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