Día 63 – 68: Koh Rong Samloem

Playas de Koh Rong

Día 63

Destino Koh Rong

Para llegar a nuestro destino de playas soñado, Koh Rong, primero debemos de llegar en autobús a Sihanoukville; la ciudad costera que conecta con las islas por ferry.

Para asegurarnos, intentamos contratar el bus y el ferry juntos en el hotel, pero finalmente nos dicen que no pueden vendernos el billete de ferry, ya que no pueden asegurar la hora a la que llega el bus a su destino. Decidimos contratar el primer transporte y esperamos llegar a tiempo para subirnos a uno de los muchos ferrys que salen del puerto hacia Koh Rong.

Nos levantamos a las 6:30 de la mañana. Esperamos nuestro transporte casi una hora, sentados en el lobby del hotel. Ya nos estamos acostumbrando a los no-horarios asiáticos.

Nos llevan en un transporte a la otra punta de la ciudad, para subir al autobús en cuestión. La organización y logística es otro punto débil de las empresas de transporte del país. El vehículo es algo viejo y está bastante sucio, pero los asientos son espaciosos y dan para descansar durante el trayecto.

Tardamos 6 horas en recorrer 170 kilómetros. El trayecto se hace eterno, pero el estado de las carreteras no da para mucho más. Salvo las calles que salen de Phnom Penh, que tienen dos carriles, las demás vías "principales" son de doble sentido y en algunos casos ni siquiera están asfaltadas.

Entre humaredas de polvo y baches, pasamos paisajes increíbles, pequeñas aldeas y arrozales.

La ciudad de Sihanoukville, tal y como habíamos leído, no tienen ningún encanto. Edificios en construcción, carreteras de tierra, un tráfico de camiones insoportable y suciedad.

Llegamos a la oficina y parada del autobús, y preguntamos por el billete de ferry. Por suerte, allí mismo venden tickets y llegamos de sobra para coger el de las 16:30. La calle del puerto está a pocos metros de allí, pero decidimos ir a lo seguro y comprar ya nuestros billetes hacia Koh Rong. Además, nos recogen en la misma oficina para llevarnos al puerto.

Esperamos casi 1 hora en la "oficina", para que nos recoja un autobús que nos dejaría a 2 minutos de allí.

La calle que baja al muelle es un centro caótico de buses, tuk-tuks, turistas y polvo. La calle está llena de agencias de viaje y transportes, cafeterías y algún hotel con el letrero en chino. Abajo, al final se ve el muelle con algunos barcos.

Enseñamos nuestro billete en la oficina de la empresa en cuestión, nos cuelgan un cartel con nuestra parada en Koh Rong Samloem (hay diferentes zonas y muelles en la isla) y nos indican hasta nuestra pequeña embarcación.

Koh rong Samloem
Ferry a Koh Rong

Casi está atardeciendo cuando arrancamos. Por suerte, nuestra parada es la segunda y, después de 50 minutos disfrutando de la brisa del mar, nos estamos bajando en el muelle de M´Pai Bay. Ha sido un día larguísimo, pero por fin estamos pisando la arena de la que será nuestra casa durante la próxima semana.

Apenas 3 calles de arena y piedras recorren este pueblo (o poblado como digo yo). La "calle" principal, pegada a la playa y el muelle, y un par más que se adentran entre las casitas y construcciones de la isla. Hay restaurantes (de locales y extranjeros), hostales y unos cuantos supermercados con bebidas y productos básicos.

Koh Rong Samloem
Llegando a Koh Rong

Seguimos las indicaciones de los carteles hechos a mano y nos adentramos en los senderos de arena. Nuestro hostal está a menos de 2 minutos de la playa. Se trata de una casa local, transformada en alojamiento y regentada por una pareja mayor que nos recibe estrechándonos la mano. No hablan apenas inglés, pero nos sonríen a cada momento e intentan comunicarse por señales.

Nuestra habitación (pintada de azul) tiene una cama, una pequeña ventana, una especie de mesita de madera, una mosquitera fucsia y un ventilador de pie. Es todo. Tampoco necesitamos más para lo que la vamos a usar. Por lo menos, la cama es grande y parece estar limpia.

Todas las puertas de las habitaciones privadas dan a una sala grande con balcón, donde hay 6 literas, para las personas que sólo reservan una cama. El aseo es compartido entre todos los habitantes de la planta, pero no parece haber mucha gente instalada.

Koh Rong Samloem
Nuestra "calle"

Dejamos nuestras cosas y salimos a la penumbra del pueblo para investigar y encontrar un sitio para cenar. Ya ha anochecido, pero los niños siguen corriendo descalzos de una punta a la otra; incluso algunos vienen empapados, tras haberse metido en el mar con su ropa. Hay gallinas picoteando entre las montañas de plástico acumulado y perros corriendo de un lado a otro o tirados en la fresca arena.

Todo parece tan tranquilo y pacífico. La gente anda descalza por todas partes. Locales y turistas comparten establecimientos. Nosotros nos paseamos por las escenas, como los recién llegados que somos.

Día 64

Clear Water Bay

Con las ganas de agua y sal que tenemos, nos remojamos en crema solar y (casi) estrenamos nuestros bañadores.

Desayunamos frente al muelle y nos dirigimos a descubrir las playas de la isla. Andamos hasta el final de la "calle" del puerto, cruzamos un puente que separa el agua de los manglares y el mar, y continuamos por el sendero que se aleja del pueblo.

Pasamos por 3 hostales, casi ocultos en la vegetación que llega hasta el mar. Hay algo de suciedad y muchas rocas, así que decidimos seguir. Pasamos un pequeño templo budista y una casa local con playa privada y varios perros vigilantes. Los montones de plástico se acumulan en los pequeños ríos que se adentran hasta el mar desde la selva y a veces se hace difícil esquivar los restos en el camino.

Tras 5 minutos de caminata salimos a una playa larguísima, con la arena más fina que recordamos haber visto y el agua transparente. Queremos seguir para explorar alguna playa más lejana, pero no podemos evitar hacer un alto en el camino para bañarnos en las aguas cristalinas que nos reciben en Koh Rong.

Qué hacer en Koh Rong
Nuestra playa en Koh Rong

Continuamos el recorrido por la orilla hasta lo que parece el final. Hay un muelle y un pequeño hotel con bungalows de madera. Apenas hay 4 personas más aparte de nosotros. Cruzamos el muelle y continuamos andando prácticamente dentro del agua. Cuando baja la marea se abre un camino de arena entre el agua del mar y el agua de los manglares.

Llegamos hasta el final de la bahía, disfrutando del sol y el agua. En unas rocas hay un trozo de plástico en el que se puede leer escrito con pintura blanca: "Clear Water Bay", con una flecha señalando hacia una especie de sendero que se adentra en la selva.

Será el sendero del que habíamos leído. Supuestamente, se trata de un trekking de 25 minutos hasta otra playa, en la que no hay ni hoteles ni restaurantes.

Koh rong Samloem
Comienzo del "sendero"

Comenzamos a recorrer el sendero o lo que viene siendo un camino maltrecho por la jungla. Pasamos por rocas, hojas, raíces y algún que otro bicho. Hay momentos en los que ni siquiera estamos seguros si simplemente estamos andando por la selva o estamos siguiendo la dirección correcta. Por suerte, de vez en cuando vemos señales blancas pintadas en los árboles que indican que vamos por buen camino.

Subimos, bajamos, pasamos al lado del mar, nos adentramos en la vegetación y sudamos como cerdos (todo esto en chanclas). Parece que el camino no va a llegar a ninguna parte, pero después de 40 minutos al fin salimos a un claro; detrás de lo que en su momento fue un pequeño hotel.

Hay otro muelle, con una casa con gente local pescando, y hacia la derecha se extiende otra larga bahía blanca, de agua celeste. Lo primero que pensamos es que el camino vale la pena, pero la playa es demasiado parecida a la que tenemos cerca del pueblo como para volver otro día.

Koh Rong Samloem
Muelle de Clear Water Bay
Koh rong Samloem
El agua de Clear Water Bay

Apenas hay 10 personas más en toda la bahía (pensamos que es normal, por la caminata mortal de la selva), por lo que estamos prácticamente solos en nuestro trozo de orilla.

Pasamos un rato a remojo y al sol, pero se acerca la hora de comer y a nadie se le ha ocurrido poner un puesto de noodles en esta playa, por lo que nos toca ir haciéndonos a la idea de volver. Es lo que tiene la improvisación... por lo menos llevamos agua.

El camino de vuelta se hace algo más corto y tras casi 1 hora y media llegamos de vuelta a nuestro pueblo. Desmayados y hambrientos paramos en uno de los restaurantes de la playa principal, y nos dejamos caer en las mesas con hamacas, inteligentemente dispuestas a lo largo del paseo de arena.

Se nos ha hecho tarde con esto de la excursión, así que aprovechamos los buenos precios del bar (atendido por niños, por cierto) y tomamos un café, antes de ir a ver atardecer a la otra punta de la isla.

Llegamos hacia la otra punta del paseo, pasamos por un pequeño sendero y tomamos posición en las rocas que se extienden encima del mar.

Ya hemos decidido que nos quedaremos dos días más en este relajado paraíso, que tanto tiene que ofrecer para dejarnos hacer nada más que disfrutar del día a día.

Playas de Koh Rong
Atardecer en Koh Rong

Día 65

Living la vida...

La verdad es que ayer, después del atardecer, decidimos celebrar nuestra llegada a la isla con unas cuantas cervezas. La más barata y popular de la isla se llama "Klang", y no sabemos que tendrá pero da unas resacas maravillosas.

Así que, nos levantamos como podemos, ingerimos algo de comida y decidimos pasar el día re-hidratándonos en nuestra playa cercana. No hay nada como un baño en agua fresquita para quitar el dolor de cabeza. Como no hay Wi-Fi en toda la isla de Koh Rong Samloem, tampoco tenemos muchas más opciones.

Efectivamente, tal y como habíamos leído, en la isla no hay Internet, salvo en algunos bares en los que se comparten datos desde una tablet o un móvil local. Lo que no es cierto es que no hay electricidad durante varias horas del día. Sí sufrimos algún apagón que otro, pero hemos podido dormir con el ventilador encendido todas las noches.

Por la tarde el tiempo empeora y se pone a llover.

Nos queda ducharnos y arreglarnos para hacer lo que mejor se nos da: comer. Vamos a dormir pronto, para compensar la noche de ayer.

Koh Rong M´pai Bay
Nuestro muelle
Koh Rong Samloem
El día a día en Koh Rong

Día 66

Plancton luminiscente

La mañana pasa como la anterior. Desayuno, playa, relax y comida.

Por la tarde, para hacer como que hacemos algo, decidimos adentrarnos en el poblado (quien dice adentrarse, dice subir por la calle de tierra que sube hacia la colina). Llegamos hasta el final del camino que llega casi a la cima, hasta un hostal llamado "The Cliff" que, como su nombre bien indica, se encuentra situado en una especie de acantilado sobre el mar.

Nos adentramos en el pequeño recinto, hasta el bar de madera situado encima del mar; estratégicamente para ver la puesta de sol.

Koh Rong Samloem
Nuestro barrio
Koh Rong Samloem
Vistas desde The Cliff

Pero es pronto para ver el atardecer. En realidad, aprovechamos el enclave del hostal para bajar por las escaleras de pierda del bar, que acaban en una cala en el mar, para hacer snorkel. Dejamos nuestras cosas entre las rocas, saltamos entre unas cuantas y conseguimos deslizarnos al mar para disfrutar un rato de sus habitantes y "vegetación".

La travesía nos dura 15 minutos. Hay una especie de avalancha de medusas diminutas que no dejan marca pero pican bastante y molestan para nadar. Tendremos que volver otro día, porque el fondo tiene buena pinta.

Decidimos darnos un pequeño homenaje para cenar y probamos las hamburguesas de uno de los sitios que nos han recomendado. Y acertamos.

Casi todos los bares y restaurantes que están en M´Pai Bay, suelen tener además la parte de hostal, en la planta de arriba. Es una forma de sacar máximo partido a las pequeñas construcciones. Además, todos los días a las 18:00 (aprox.) llega el barco de carga que trae las provisiones para todos. Si algo necesario no viene en el barco, hay que esperar al día siguiente.

Curiosamente, el pueblo se organiza de una forma determinada. Solemos ver a las mismas personas en los mismos sitios, ya que hay muchos que se quedan por una larga temporada en la isla. Los ingleses van al sitio de los ingleses y los franceses a los de los franceses. Los más hippies están juntos en una casa al final del paseo y los más fiesteros están en el hostal que sale del pueblo y tiene algo organizado todas las noches. Hay varios restaurantes y supermercados locales por los que pasamos todos y un par de bares que cierran tarde (tarde aquí son las 24:00) en los que alguna vez todos nos hemos visto las caras.

Acabes de llegar o no, tarde o temprano encuentras tu sitio en Koh Rong.

Koh Rong Samloem
El vecindario

Nosotros, como personas sociales que somos, volvemos al bar que nos regaló la resaca de la primera noche; no porque nos guste sufrir, sino porque conocimos a varias personas allí (entre ellas una chica española) y ya nos resulta un sitio familiar.

Nuestra amiga no está, pero a los pocos minutos allí conocemos a una pareja catalana de luna de miel que acaba de llegar a Koh Rong. En seguida entablamos conversación y tras horas de charla animada y alguna que otra cerveza, acabamos viendo el plancton luminiscente que caracteriza las aguas de la isla.

Ya habíamos hecho un intento de verlo la noche anterior pero, según nos dijeron, lo intentamos demasiado pronto, con demasiadas luces. Como a las 24:00 se apagan todas las luces de los bares que quedan, pudimos disfrutar del espectáculo a pocos metros de donde nos encontrábamos.

El cielo está salpicado de estrellas y creo que nunca hemos podido ver tantísimas a la vez. Nos adentramos en la oscuridad del mar, sin mucha confianza, pero a los pocos metros empezamos a ver pequeñas luces verdes que se iluminan con el movimiento del agua.

Acabamos chapoteando como locos en el agua (todavía tibia) del mar, viendo cómo nuestros movimientos van iluminando el mar a nuestro alrededor. Es un espectáculo mágico, digno de ver (no nosotros chapoteando, sino el plancton).

No puede haber mejor forma de acabar el día.

Día 67

Excursión fallida

Nos levantamos algo tarde y con hambre, por lo que decidimos adelantar la comida un rato y pasamos directamente al plato de noodles.

Comer en Koh Rong Samloem
Nuestro sitio favorito después de la playa

Pensamos en pasar el día vagueando, después de la emoción de la noche anterior, pero antes de poder llegar a la playa nos encontramos con nuestros nuevos amigos. Se han apuntado a una excursión de snorkel y pesca en el atardecer, y nos invitan a apuntarnos. Decidimos ir por el hecho de quitarnos la espina con el snorkel. Error.

Al final, resulta que somos 25 personas en una embarcación de madera, de dudosas condiciones, viendo el tiempo pasar.

Qué hacer en Koh Rong
El panorama en nuestra barcaza

La primera parada de snorkel resulta ser un campo de medusas, del que tardamos menos de 5 minutos en salir uno tras uno, rascándonos todo el cuerpo.

La segunda parada está libre de medusas pero también libre de peces y resulta de lo más aburrida. Para más colmo, pasamos anclados en este punto más de 1 hora; para hacer tiempo según el organizador.

Después del tiempo indicado o por alguna señal del cielo, nos movemos hacia mar adentro para pescar nuestra supuesta cena. Nos reparten (por grupos) un rollo con hilo de pescar con un gancho y una pesa al final. De todas las personas que estamos en la embarcación 3 consiguen hacerse con algunos (pobres) pescados del tamaño de mi mano.

La frustración se extiende entre el grupo (la mayoría trasnochados en pésimas condiciones). El sol está cayendo, pero queda casi 1 hora para el atardecer. Cansados de estar anclados en el mismo sitio y de no pescar nada, hacemos presión para que nos lleven de vuelta a tierra firme para poder cenar.

Una excursión en la que tu grupo te pide acabar antes. ¡Todo un éxito! Tiramos la tarde a la basura, pero pasamos un buen rato riéndonos de la situación.

Día 68

Último día de desconexión

Los días pasan en la isla y el ritmo relajado se contagia extremadamente rápido. Sin embargo, tenemos ganas de volver a tierra firme para continuar con nuestra ruta y seguir descubriendo Camboya.

Algunos días de relax y desconexión están bien, pero si no tienes absolutamente nada que hacer (o te lo buscas) los días se vuelven demasiado monótonos. Esta es la razón, quizá, por la que hay tantos extranjeros trabajando como voluntarios (a cambio de alojamiento y comida) en los diferentes establecimientos.

Playas de Koh Rong
Felicidad máxima
Playas de Koh Rong Samloem
Relax en Koh Rong

Vamos por el paseo ya, como si fuera nuestro pueblo; saludando cada dos por tres a caras conocidas. Echaremos de menos el ambiente, pero no los mosquitos que nos han comido de arriba a abajo.

Nos cruzamos con nuestros recién adquiridos amigos. Cada uno tiene un plan y decidimos vernos por la noche.

Pasamos el día de la arena al agua. Disfrutando del mar y haciendo planes para los próximos días de ruta. Varias personas nos han hablado muy bien de la ciudad de Kampot, a 100 kilómetros de Sihanoukville, así que decidimos incorporar esta parada, antes de dirigirnos a Siem Reap. 

Para cenar no se nos ocurre otra cosa que probar los perritos calientes y patatas de un sitio al que ya le habíamos echado el ojo. *Las consecuencias vendrían por la noche, pero es una historia que dejaré para el siguiente post*

Efectivamente, después de cenar y sin planearlo (ni tener que quedar por Whatsapp), nos encontramos todos en nuestro bar de la playa. Nos vuelven a dar las tantas charlando, pero la ocasión lo merece. Nos despedimos de todos antes de retirarnos.

Es increíble lo fácil que resulta a veces conectar con gente en medio de la selva, en una isla casi desierta, en la otra punta del planeta.

Koh Rong Samloem
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