Día 60 – 62: Camboya

Camboya

Día 60

Llegamos a Camboya

Contratamos nuestro transporte a Camboya en el hotel de Ho Chi Minh. La chica de recepción llamó para confirmar con la compañía y nos dio una tarjeta con una dirección y un número de teléfono. Las agencias no recogen a los turistas en los hoteles, ya que, como nos enteraríamos más adelante, es un transporte frecuentado por gente local.


Nuestro autobús sale a las 12 del mediodía y debemos estar a las 11:30 en la dirección indicada. Desayunamos, recogemos nuestras cosas con pesar y nos dirigimos en taxi hacia el Distrito 5 de Ho Chi Minh.

En realidad no tenemos más información sobre el traslado, sólo que tardaremos alrededor de 7 u 8 horas.

A la hora exacta, el taxista nos deja en la puerta de la "oficina" (si es que se puede llamar así) de la compañía de autobuses. Hay un pequeño mostrador con, al menos, 6 personas alrededor, cientos de cajas y paquetes mal apilados, y unas cuantas sillas de plástico en bastante pésimo estado.

Nos plantamos delante del mostrador. Al principio nos ignoran, pero empiezan a señalarnos, escaqueándose entre ellos para atendernos. Finalmente, nos señalan una lista y nos piden un nombre. Ninguno de los nuestros aparece. Prueban a pedirnos un número de teléfono desde donde hemos realizado la reserva e intuimos que será el del hotel.

Le enseñamos la tarjeta del hotel y encuentran el número en la lista. Menos mal. La chica de la recepción había reservado con su nombre y número, y no nos había dicho nada.

Pagamos la cantidad que nos piden, nos dan un resguardo, se quedan nuestros pasaportes y esperamos. A los 5 minutos nos llevan a la vuelta de la esquina; ya están cargando el autobús para salir.

Vamos a la parte de carga para dejar las mochilas. Nadie nos dice nada. Intentamos preguntar sobre qué hacer con las maletas y un chico nos habla en Vietnamita, señalando los números de los paquetes. Le enseñamos el ticket que nos acaban de dar. Señala los números y nos da un rotulador.

Se supone que tenemos que coger un trozo de cinta de carrocero y escribir nuestro número con un rotulador; número que resulta ser nuestro asiento.

El autobús es viejo pero los asientos son muy anchos y cómodos. Vamos en la primera fila y tenemos bastante espacio para nosotros. Servimos de atracción para los viajeros asiáticos, ya que somos los únicos extranjeros en el bus que va lleno.

De Vietnam a Camboya

Increíblemente, a las 12 en punto arrancamos rumbo a la frontera entre Vietnam y Camboya. En el trayecto vemos como el encargado va rellenando todos los pasaportes con el formulario de la visa. Intuimos que, cuando llegue el momento, nos enteraremos de lo que debemos hacer para conseguir nuestra visa.

Después de 2 horas nos detenemos y bajamos para pasar el control de salida de Vietnam. Básicamente esperamos en una cola hasta que llaman nuestro nombre. Volvemos al autobús y nos volvemos a detener a los pocos metros. Ya vemos las banderas de Camboya y los edificios gubernamentales cambian totalmente de apariencia.

Bajamos, volvemos a ceder nuestros pasaportes como hacen todos los pasajeros, pasamos por el edificio de "control" en el que la mayoría de las personas están durmiendo y subimos al autobús.

¿Hemos pasado la frontera sin que nadie nos haya dicho nada?

Efectivamente, después de 5 minutos el encargado sube al autobús en nuestra búsqueda. Nos pregunta si tenemos visa. Evidentemente no, intentamos decirle. Nadie nos ha indicado nada, pero suponemos que la razón es que los demás pasajeros asiáticos del bus no la necesitan.

Nos acercamos a una de las casetas y el oficial nos dice que debemos ir a la siguiente para pagar la visa y obtener el pase a Camboya.

Entretanto, nuestro encargado le da nuestros pasaportes a otro "encargado" que nos lleva a la caseta del dinero. El oficial de la misma nos dice que está muy ocupado, que lo mejor será que le paguemos a la persona que va con nosotros para que nos "gestione" el trámite.

Intentamos oponer resistencia y rebelarnos, pero el autobús está esperando y no sabemos qué pasos debemos seguir para conseguir la visa y, evidentemente, tampoco nos los quieren explicar. Le pagamos 5 dólares de más cada uno (a parte de los 30 del visado) al chico en cuestión para que solucione el proceso.

Se queda nuestros pasaportes y nos manda de vuelta al bus. Se supone que nos los devolverán en el restaurante en el que paramos a los 5 minutos.

Quizá es un proceso normal, pero como nadie nos quiere/puede explicar nada, es inevitable que nos asalten los nervios. Ya nos estamos adentrando en Camboya y no tenemos ni visa, ni pasaportes.

Confiamos, comemos algo en el restaurante y al subir al bus nos devuelven nuestros documentos con el sello de la visa de un mes. Ni reconocimiento médico, ni foto de carnet, ni huellas digitales; pasamos la frontera como si nada. Pagando la comisión, eso sí, del "encargado" del día.

Llegamos a Phnom Penh 4 horas más tarde. Los paisajes han ido cambiando y nos recuerdan mucho a Tailandia. Todo es llano y verde, y el atardecer nos recibe en nuestras primeras horas en Camboya.

Vietnam Camboya

Tardamos 1 hora en cruzar la ciudad para llegar al centro. Nos situamos y cogemos un tuk-tuk. Menos mal que nos quedan unos pocos dólares para pagar el transporte. Llegamos al hotel, donde nos espera la sorpresa del día. La habitación es un zulo en dudosas condiciones higiénicas. ¡Perfecto!

Cuando reservamos el alojamiento las fotos dejaban ver una habitación algo vieja, pero no nos esperábamos encontrar esto. Las sábanas son cuanto menos dudosas y la puerta de la habitación apenas cierra.

Para más estrés, no encontramos ninguna casa de cambio abierta y nos enteramos que podemos pagar tanto en Dólares como en Rieles (cosa absurda).

Con los 2 dólares que nos quedan compramos dos bocadillos y nos sentamos en la entrada del hotel a buscar otro sitio donde pasar las dos noches siguientes. Sabemos que la primera la debemos de pasar aquí. Encontramos algo más caro pero más decente, explicamos al dueño que no queremos estar más de una noche, pagamos la indemnización de la cancelación y nos retiramos a nuestro antro.

Nos da casi la media noche entre tanto trajín, pero la idea es dormirnos pronto para mañana salir volando de aquí.

Día 61

Nuevo hotel, nueva perspectiva

Nos levantamos pronto, recogemos lo poco que hemos sacado de las mochilas, bajamos por las escaleras de cárcel de máxima seguridad, dejamos la "llave" y nos vamos del ruinoso hotel.

Paramos un tuk-tuk para que nos lleve a nuestro nuevo alojamiento, que se encuentra más cerca del centro y en mejor zona. Tiene una recepción, y zona de buffet para el desayuno y todo. La habitación es normal, pero más que suficiente comparada con la anterior.

Tomamos un café para asimilar, ahora sí, que estamos en Phnom Penh y nos disponemos a descubrir la capital.

No notamos tanta humedad como en el país vecino, pero el sol es abrasador y 2 minutos expuestos supone un infierno. Conseguimos llegar al Palacio Real, situado al lado del río, aprovechando cada sombra en el camino.

Aunque hay bastante tráfico, el ambiente es mucho más relajado que en las grandes ciudades vietnamitas, y la primera impresión es que los camboyanos son personas muy pacíficas y amables. El centro está muy cuidado y lleno de vegetación, y las avenidas principales están rodeadas de majestuosos templos y edificios coloniales.

Llegamos al Palacio a las 14:00, justo para su apertura (tampoco sabíamos que cerraba a mediodía). Pagamos la entrada (bastante cara para lo que estamos acostumbrados) y empezamos a recorrer el impresionante recinto amurallado. Palacios blancos y dorados, de arquitectura Khmer, se alzan en los patios y jardines.

Phnom Penh Camboya

Qué hacer en Phnom Penh

Qué hacer en Phnom Penh

Sin querer, llegamos a buena hora. Como acaban de abrir, apenas hay gente.

Los edificios y pagodas son impresionantes, y nos recreamos en el paseo, a pesar del sol, abusando de nuestra recién reparada cámara. Encantados y hambrientos acabamos la visita, y salimos en busca de un restaurante. Tenemos suerte y encontramos varios económicos muy cerca.

El sol empieza a bajar (de posición, no de intensidad) y todavía tenemos mucho por ver. Pasamos por el museo nacional, vemos sus jardines y edificio principal, y seguimos hacia el templo Ounalom, a unos minutos de allí.

Por suerte, el acceso al templos es gratuito y podemos admirar su gigantesca pagoda dorada con la luz del atardecer.

Camboya

Qué hacer en Phnom Penh

Seguimos por el paseo al lado del río, donde ya empieza a haber más actividad (gente pescando o haciendo ejercicio, puesto de comida y bebida) y tras media hora de caminata llegamos al templo budista Wat Phnom, el punto más alejado de nuestra ruta de hoy.

Subimos unas empinadas escaleras (lo que nos faltaba) y visitamos el templo principal y su pagoda blanca situada en la cima de la colina que, a su vez, sirve de rotonda para dirigir el tráfico. El recinto se encuentra rodeado de un parque y del constante tráfico del centro.

Qué hacer en Phnom Penh

Qué hacer en Phnom Penh

Ponemos rumbo de vuelta al hotel. En el camino de vuelta decidimos visitar el Night Market, que apenas está empezando a tener actividad, y paramos un tuk-tuk para dar un descanso a nuestras piernas.

La verdad es que no teníamos ninguna expectativa de la ciudad, y lo poco que habíamos oído no era demasiado bueno. Pero lo que hemos podido ver de Phnom Penh (como gran ciudad que es) nos ha gustado y servido de primer contacto con Camboya.

Qué hacer en Phnom Penh

Día 62

Último día en Phnom Penh

Anoche nos quedamos trabajando hasta tarde, pero hacemos el esfuerzo de levantarnos para llegar al desayuno. Además, nos dejamos un par de visitas para el día de hoy.

Conseguimos cambiar dinero y seguimos andando, a pesar del calor, hasta el monumento de la Independencia. Lo vimos al llegar de noche a la ciudad, pero no nos habíamos parado a verlo realmente.

Phnom Penh Camboya

Hacemos unas cuantas fotos desde las sombras de la acera y continuamos rumbo al Museo del genocidio de Tuol Sleng, para conocer más sobre la tristísima parte en la historia de Camboya. Se trata de un antiguo colegio que fue reconvertido en 1975 en cárcel y centro de tortura de presos de los Khmer Rojos.

Recorremos las instalaciones, conservadas como museo y recuerdo del horror, y nos empapamos de la historia en silencio, entre las paredes de la cárcel.

No es una visita placentera, pero sí necesaria para conocer parte de la historia reciente del país.

Qué hacer en Phnom Penh

Las piernas y el cansancio no nos dan para llegar al Mercado Central, así que paramos un tuk-tuk para que nos lleve a nuestra siguiente parada. El mercado se materializa en un edificio bajo, redondo, con varias ramificaciones, por las cuales se extienden los diferentes puestos.

En el centro del recinto se encuentran los puestos de joyería y en los diferentes pasillos encontramos ropa, productos para el hogar, comida fresca y todo tipo de productos, destinados al comercio local.

Nos dirigimos allí, aparte de para ver el mercado, con la idea de que nos encontraríamos puestos de comida callejera, pero no es el caso. Tardamos media hora en encontrar un restaurante en los alrededores. Por suerte, (como casi siempre) es un sitio con comida local, rica y barata. Comemos por 2,5 € los dos.

Qué hacer en Phnom Penh

Qué hacer en Phnom Penh

Hemos visto todo lo que queríamos ver en Phnom Penh, así que, decidimos volver al hotel para escapar del sofocante calor y descansar. Mañana a las 7 de la mañana debemos estar listos para coger nuestro bus a Sihanoukville. ¡Nos vamos a las islas del sur de Camboya!

Qué hacer en Phnom Penh

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba