Día 44 – 46: Dalat, la ciudad de las flores

Qué hacer en Dalat
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Día 44

Llegada turbulenta a Dalat

Más que puntuales, a las 6:20 de la mañana estamos sentados en el pequeño lobby de nuestro albergue, como nos habían indicado, para esperar nuestro bus. Nuestro transporte no llega hasta las 7:40. Bueno, pensamos que por lo menos podremos dormir cuando estemos camino a Dalat. Error.

A la vuelta de la esquina nos espera un autobús destartalado y, en cuyo, interior hay por lo menos 5 grados bajo cero. Ya hay unas cuantas personas, sobre todo locales. Nuestro consuelo es que no va lleno, por lo que tenemos algo de espacio para colocarnos en los asientos que se caen a trozos. Error número dos.

Nos ponemos a dar vueltas por la ciudad, recogiendo más clientes. Al final el bus va lleno y no salimos de Nha Trang hasta las 8:30 de la mañana.

Los asientos son reclinables y los vietnamitas no tienen ningún reparo en echar su respaldo para atrás aún viendo que es imposible que quepan nuestras piernas en el hueco que queda. Eso, sumado al mal estado de la carretera y las prisas de nuestro conductor, hacen de este viaje de "sólo" 4 horas una agonía.

Eso sí, el paisaje de montaña es impresionante e intentamos centrar nuestros pensamientos en eso.

Después de una eternidad empezamos a acercarnos a la ciudad. El tráfico es super denso, pero el entorno promete. El centro de Dalat se encuentra rodeado de un valle verde, lleno de casitas bajitas. Nos parece una especie de Andorra asiática.

Qué hacer en Dalat

Qué hacer en Dalat

Dejamos el lago a nuestra derecha, pasamos al lado de un parque y un campo de hortensias y nos detenemos. El sol luce y la temperatura es perfecta. Estamos algo alejados del hotel y las calles son cuesta arriba, por lo que paramos un taxi y le indicamos la supuesta localización del hotel. Hasta ahí bien.

Llegamos al punto del mapa donde debería estar nuestro hostal pero no lo encontramos. Nos bajamos del taxi para buscar en los callejones cercanos y nada. Decidimos entrar a preguntar en un hotel y el recepcionista resulta que sabe de qué alojamiento le hablamos; incluso nos da una tarjeta del mismo, alegando que mucha gente pregunta por su localización.

Resulta que tenemos que seguir 1,5 kilómetros hacia arriba. La ubicación y la dirección están mal en Internet (creemos que para aparentar estar más cerca del centro de cara a los turistas inconscientes como nosotros).

Paramos otro taxi, ya que el anterior apenas nos había costado 1€. La tarea parece fácil: seguir por la misma avenida, en la misma dirección. Le indicamos al taxista que queremos ir del punto en el que estamos hasta unas calles más arriba, señalándoselo en el mapa. Parece estar de acuerdo.

Subimos al taxi y conforme arranca, da la vuelta. ¿Qué está pasando?

Le decimos que no es por ahí y nos dice muy serios que estemos tranquilos (por señas), que sabe lo que está haciendo. Casi llegamos de vuelta al punto en el que nos había dejado el autobús en primer lugar. Le insistimos (ya bastante nerviosos) que se detenga. Le volvemos a explicar lo que queremos y, no sabemos por qué todavía, el señor estaba decidido de llevarnos a una panadería. Eso es lo que había entendido cuando le señalábamos el mapa.

Todavía nos impresiona lo poco intuitivos que son los vietnamitas y lo mucho que les cuesta entender incluso las señas o cualquier indicio de comunicación. Desde luego su lógica no tiene nada que ver con la nuestra y lo estamos aprendiendo a base de errores estos días.

A pesar de la confusión (suya) nos hace pagar el importe completo de la vuelta más absurda que nos acaba de pegar. Parece darle lo mismo lo enfadados que estamos con él (y el dueño del alojamiento).

Total que llegamos al punto que nos había dicho el chico del otro hotel. Nada. Tenemos que volver a preguntar, nos mandan por un callejón y por fin vemos un cartel de nuestro destino. 1 hora después de haber bajado del autobús, nuestro anfitrión nos recibe con un "hello my friend!" y le echamos la bronca por mentir sobre la ubicación.

Le da lo mismo y tampoco entiende una palabra de inglés, salvo la misma frase que no hace más que repetir.

La habitación que, supuestamente, medía 30 metros cuadrados, no mide ni 5. Uno de nosotros tiene que meterse al aseo para que el otro pueda pasar entre la cama y la pared. Aturdidos por tanta actividad absurda esta mañana, nos quedamos sentados en la cama escuchando llover. Por lo menos ha esperado a que estuviéramos bajo techo.

Si estuviéramos sólo 2 noches para conocer la ciudad, nos daría lo mismo el tamaño de la habitación, pero vinimos con la idea de pasar unos cuantos días en Dalat para poder disfrutarla y trabajar.

El hambre nos obliga a espabilar y salimos en busca de un restaurante. Encontramos un puesto en el que una señora vende exclusivamente pollo rebozado y patatas fritas. Lo que el cuerpo nos pedía.

Acabamos llegando al centro, recorremos el parque y los alrededores del lago, y esquivamos motos; muchas motos. La zona nos gusta y decidimos preguntar por unos cuantos hoteles por el precio de las habitaciones. Parece que todos se hayan puesto de acuerdo en elevar los precios de cara al fin de semana y muchos se hacen de rogar o nos dan largas.

Es viernes y nos damos cuenta de que hay muchísimo turismo local los fines de semana.

En los que decidimos echar un vistazo a la posible habitación, nos enseñan cuartos antiguos sin ventanas, recién salidos de una película de terror.

Se nos hace de noche cuando desistimos de preguntar en ninguno más. Vemos el mercado nocturno, lleno de puestos de comida y ropa, sobre todo para el consumidor local, y ponemos rumbo a nuestra encantadora caja de zapatos.

Independientemente de si cambiamos de hotel de cara al lunes, investigamos los puntos de interés y nos trazamos una ruta a pie para mañana. Las visitas prometen.

Qué hacer en Dalat

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Día 45

Flores y lluvia

El día amenaza con lluvia, pero igualmente nos preparamos y salimos a descubrir Dalat.

Nos hemos trazado una ruta a pie para ver las cosas más importantes del centro  de la ciudad. Te adelanto que acabamos andando casi 8 kilómetros en el día de hoy.

Ruta a pie Dalat
Nuestro recorrido de hoy

Llegamos a nuestro primer destino en taxi (por 1€). Se trata del templo Van Hanh o Golden Buda Pagoda. Estamos prácticamente solos y empieza a chispear. Efectivamente, un buda dorado enorme se alza en medio del recinto, de hecho es tan alto que podemos verlo desde la terraza de nuestro hotel.

Un pequeño estanque y un jardín muy cuidado con bonsáis y flores, rodea la estatua. Escondido a la izquierda de la gran figura encontramos un buda reclinado de piedra que parece dormir entre el lecho de flores que cubre el suelo.

El templo principal está adornado con mosaicos y estatuas de dragones emergiendo de las paredes. En el centro, otro buda de madera.

Qué hacer en Dalat

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Nos encanta el jardín, la tranquilidad y sobre todo lo imponente del sonriente buda reluciente.

Decidimos volver en dirección al lago andando para descubrir nuestra siguiente visita: el jardín de las flores. Nos paseamos cuesta abajo al lado parques y campos de golf, y el recorrido se nos hace ameno. No está lloviendo demasiado, pero lo suficiente para mojarnos los pies y calar la mochila.

Llegamos a la puerta de entrada del enorme jardín y empieza a llover con fuerza. Para no cancelar nuestra visita turística de hoy, compramos 2 chubasqueros/bolsas con mangas y capucha, y adquirimos nuestro pase al paraíso de las flores (una de las visitas que sabía que más iba a disfrutar).

Entramos y esperamos unos 15 minutos debajo de un pasadizo techado, trazando un plan para mojarnos lo menos posible. Finalmente, como parece no tener intenciones de parar, nos ponemos las capuchas y salimos a descubrir el recinto.

Intuimos que se trata de un recorrido circular por lo que nos dirigimos hacia un lado para empezar la visita. Hay enormes prados de césped, árboles, flores de todos los colores y tipos e incluso carrozas con caballos. El centro está presidido por un lago, donde alquilan botes para hacer la visita todavía más "romántica".

En el mejor momento (o peor en cuanto a la lluvia) descubrimos un invernadero lleno de orquídeas. Un verdadero paraíso de colores y formas, para alguien como yo a quien le encantan este tipo de plantas. Después de recrearnos tomando fotos (y refugiarnos de la lluvia) cambiamos de pabellón para descubrir otro invernadero, esta vez, lleno de rosas.

Seguimos el camino y descendemos por unas escalinatas de piedra rodeadas de hortensias; al final nos espera un gigantesco arco en forma de corazón lleno de flores rosas. (A estos asiáticos les encantan las cosas cursis).

Apretamos el paso. Tenemos las zapatillas mojadas y empezamos a tener frío. Lo ideal para visitar un sitio tan "de cuento de hadas" habría sido un día de sol. Igualmente acabo el recorrido entusiasmada por tanto color y belleza.

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Jardín de las flores Dalat

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jardín de las flores Dalat

Acabamos comiendo en el único restaurante en los alrededores del parque, porque está bien de precio y estamos calentitos. Incluso nos invitan a té.

A punto de cancelar nuestras excursiones restantes por la lluvia, decidimos seguir con lo que queda, aprovechando que ya tenemos los pies mojados, y acercarnos en taxi al siguiente punto. Acabamos yendo andando, quizá el café que nos acabamos de tomar ha hecho efecto y llegamos paseando hasta la casa denominada como Crazy House.

Se trata, básicamente, de varias casas y estructuras con una arquitectura peculiar; o eso creemos en un principio. Pagamos la entrada y nos adentramos en el mundo surrealista del arquitecto vietnamita que diseñó esta villa. Hay varias estructuras principales, de diferente apariencia, conectadas por escaleras y pasadizos imposibles. Incluso con uno de ellos pasamos por encima de los tejados.

Tenemos que entrar y salir varias veces para recorrer todas las habitaciones y espacios que, sin querer, nos atrapan y fascinan. Desde el punto más alto tenemos vistas 360º sobre la ciudad.

Bajamos y volvemos a aparecer en el patio central. Nos queda pasar por la puerta con forma de concha marina que nos llamó la atención desde que llegamos. Atravesamos el pequeño túnel y de repente nos encontramos en una planta baja, decorada y pintada de arriba abajo con motivos y animales submarinos. El ambiente es todo de color pastel; tan cursi que resulta bonito.

Hay tiburones y peces dibujados en el suelo. Un cangrejo gigante hace las veces de bar y un pulpo sobresale de una de las paredes. Las barandillas y columnas son olas rompiendo, y el centro de la sala está presidido por un candelabro enorme hecho de cristales que simulan gotas de agua.

La planta de arriba está dedicada a exhibir bocetos, diseños y planos del arquitecto.

Esta villa también cumple la función de hotel, ya que hay habitaciones distribuidas por todo el recinto. Cada habitación es diferente y están abiertas al público cuando no están ocupadas.

Qué hacer en Dalat

Qué hacer en Dalat

qué hacer en dalat

Qué hacer en Dalat

Salimos del universo paralelo marino y nos aseguramos de que hemos visto todo. No queremos dejarnos nada.

Ponemos rumbo al último templo que tenemos en la lista y resulta ser bastante normal. Apenas damos un paseo por fuera y damos las visitas de hoy por finalizadas. Ya notamos el cansancio.

Jugamos la baza del taxi, que por un motivo o por otro no hemos utilizado, y paramos uno de ellos para que nos lleve al hotel. A pesar de la lluvia hemos aprovechado el día mejor que bien. Además, para mañana dan lluvias fuertes todo el día.

Día 46

Las predicciones aciertan

Nos despertamos relativamente tarde, conscientes de que lleva lloviendo toda la noche con intensidad. Nos calzamos nuestros chubasqueros/bolsa y salimos a la avenida principal en busca de nuestro café diario. (Ya nos hemos acostumbrado al café vietnamita)

Volvemos al hotel para aprovechar que está cayendo la mundial para trabajar un rato o hasta que nos llame la hora de comer. El hotel está lleno de huéspedes vietnamitas y en el lobby suena la música a todo volumen durante toda la mañana.

De casualidad, encontramos un buen sitio para comer. Para cuando acabamos ha dejado de llover, aunque se nos ha hecho tarde y ya está anocheciendo (son las 16:40). Acabamos por decidir nuestro siguiente hotel (¡mañana por fin cambiamos!) utilizando el wifi del restaurante.

 

Qué hacer en Dalat

Aprovechamos los últimos ratos de luz y la cercanía para ver el último templo que nos habíamos dejado de la lista de ayer. El templo Linh Son. Tardamos apenas 10 minutos en conocerlo. Hay un templo principal y un jardín relativamente bonito con un par de estatuas (a estas alturas del viaje somos difíciles de impresionar), pero nos gusta el ambiente local que se respira. Se nota que en Dalat hay más visitantes vietnamitas que extranjeros.

Nos dirigimos hacia el centro para cambiar dinero y volvemos al hotel para empaquetar (otra vez) nuestras cosas.

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