Día 24 – 26: Descubriendo Hue

Qué ver en Hue

Día 24

Llegamos a Hue

Dejamos atrás Phong Nha en nuestro siguiente autobús. Son las 7 de la mañana y está lloviendo. Somos de los primeros en subir al bus, para que no nos pase lo mismo que en Tam Coc.

Nos acomodamos en nuestros asientos-cama y nos dejamos llevar a nuestro próximo destino: Hue. 

Llegamos a las 12 del mediodía al centro de la ciudad, donde ya nos esperan taxistas y motoristas para llevar a los (supuestamente) desorientados turistas a sus hoteles. Incluso algunos suben al bus para promocionarse antes de que nos de tiempo a bajar. No sabemos qué lógica siguen en sus estrategias de marketing pero son cuanto menos agobiantes.

Conseguimos sacar nuestras mochilas de la pila de equipajes de la acera y esquivamos varios intentos de "seducción" por parte de los motoristas. Son tan insistentes que tenemos que pedirles que nos dejen e ignorarlos completamente.

Salimos del bullicio del grupo y del agobio. Sacamos el teléfono para ver el mapa y decidimos ir andando al hotel cargados con nuestros 15kg de mochilas cada uno. Es un camino algo largo y hace demasiado calor para ir andando por el centro llevando tanto peso, pero no tenemos ganas de regatear ni de ceder ante el obvio negocio de los transportistas.

Casi nos damos por vencidos por el calor un par de veces, pero logramos llegar hasta nuestro hostal; una pequeña casa local situada en un callejón, alejada del ruido de la gigante avenida principal. Nuestro anfitrión nos está esperando en el porche para darnos la bienvenida y nos lleva a nuestra habitación.

Nos quedamos delante del ventilador un par de minutos para recuperarnos y asaltamos la botella de agua fría de la nevera de la habitación. Nos instalamos y nos hacemos a la idea para volver al asfixiante calor de la calle para empezar a descubrir Hue.

Buscamos un sitio para comer y decidimos visitar la antigua ciudad imperial de Hue, ya que es lo único que se puede hacer a pie. Tras reponer fuerzas nos disponemos a cruzar el Perfume River por uno de los muchos puentes de la ciudad y nos adentramos en el recinto de la ciudadela por uno de sus antiguos portones. El tráfico sigue siendo intenso a pesar de las estrechas calles y el número de turistas y grupos se multiplican.

Detrás de los muros de la ciudadela nos recibe una plaza enorme, peatonal que, en el centro, tiene el acceso a los antiguos edificios y construcciones imperiales. Pagamos nuestra entrada y atravesamos Noon Gate para adentrarnos en el complejo; un palacio precioso que cumple la función de entrada al mundo imperial.

Qué hacer en Hue
Noon Gate - Hue

Un conjunto de construcciones tradicionales, pasillos ancestrales con ventanales, jardines reales y cenadores de ensueño nos esperan al otro lado. Nos dejamos llevar por el entramado de portones y jardines escondidos, hacemos mil y una foto, y acabamos por perder el rastro de los gigantes grupos guiados.

A punto de atardecer, decidimos emprender nuestro camino de vuelta. Nos espera otro largo rato de paseo.

Decidimos cenar en el restaurante Madame Thu por recomendación de nuestro sonriente hostelero. Es sábado y el entramado de calles del centro se convierte en la zona llamada Walking Street, ya que se corta el acceso al tráfico para dejar deambular los grupos de turistas y locales en busca de ocio, comida y bebida. Antes de llegar a nuestro destino incluso tenemos que rodear un grupo de música y karaoke improvisado en medio de la marea de gente.

La primera impresión de Hue es muy buena y lo mejor es que todavía nos queda mucho que descubrir.

Ciudadela Hue
Los colores de Hue

Día 25

Sol, moto y templos

Decidimos alquilar una moto en nuestro hostal para pasar el día viendo las tumbas, templos y pagodas que se encuentran más alejadas del centro.

Nos sirven nuestro desayuno en el porche (2 huevos fritos y una barra de pan) y empaquetamos nuestras cosas para dirigirnos a los puntos de interés de hoy.

Aunque ya estamos más cómodos conduciendo una moto, salir del centro representa un verdadero reto. La marea de motos y coches se desplaza en ambas direcciones de la avenida a la que nos tenemos que incorporar. Sin saber muy bien cómo acabamos en la corriente, dirección a nuestra primera parada. La clave es entrar decidido, dejando que los demás vehículos te rodeen y leyendo los espacios futuros en el avance de las motos.

Por suerte, nuestro hostal está cerca de la autovía y apenas tenemos que circular por el denso tráfico.

Nuestra primera y corta parada es el puente Thanh Toan, también conocido como el puente japonés por su particular estética. Atravesamos una zona rural con caminos de tierra y esquivamos varias vacas hasta llegar a una pequeña población. El entorno es mágico y el camino, que pasa al lado del pequeño río lleno de nenúfares, está adornado con farolillos de color rojo. Hay varias personas disfrutando de la tranquilidad del lugar, sentadas en el interior de la estructura de madera. Damos un paseo y volvemos a nuestra ruta.

Qué ver en Hue
Thanh Toan Bridge Hue

Deshacemos el camino hasta volver a la autovía poco transitada.

Tras casi 20 minutos llegamos a la segunda parada: la tumba del emperador Khai Dinh situada en la montaña Chau Chu. Una empinada escalera de piedra, escoltada por dos dragones nos recibe como entrada. Hace mucho calor y este primer tramo ya supone un gran esfuerzo. Llegamos al primer patio y nos reciben estatuas y templos de piedra que el tiempo ha teñido de un color oscuro y confiere al lugar un aspecto todavía más impresionante.

Seguimos subiendo hasta el edificio principal, intentando hacer fotos en las que no salga ningún turista y olvidarnos del calor agobiante. Desde lo más alto las vistas quitan algo de protagonismo al templo y el verde del entorno resalta las edificaciones de piedra.

El interior del mausoleo está presidido por un altar y la propia tumba, cubierta por mosaicos de colores, cristales y detalles dorados que se extienden hasta paredes y techos. Una bonita estampa salpicada únicamente por los ventiladores improvisados colocados en varias esquinas de la habitación.

Qué ver en Hue

Qué hacer en Hue
Tumba Khai Dinh Hue

Impresionados pero acalorados nos disponemos a bajar y seguir nuestra ruta, no sin antes tomar un té helado al otro lado de la carretera.

Nuestra siguiente parada, ya cerca de la hora de comer, es Tu Duc Tomb. Otra vez pagamos entrada y otra vez pagamos por dejar nuestra moto aparcada en la calle (siempre hay alguien que nos asalta y nos reclama un pago por aparcar en la calle que es de todos). Esta parada es diferente y lo primero que nos encontramos en el recito es un lago lleno de flores de loto rodeado de varios edificios que parecen sacados de otra época.

Qué ver en Hue
Tumba Tu Duc Hue

Recorremos el parque, siempre en busca de alguna sombra y nos perdemos entre ruinas, altares y templos que salpican el recinto. Llegamos al punto más alejado a la entrada, subimos una empinada escalera con las fuerzas que nos quedan y descubrimos el obelisco y el arco que llevan al mausoleo principal. Apenas hay gente y los mosaicos coloridos relucen con el sol.

Volvemos sobre nuestros pasos y bordeamos el lago en busca de la salida. Estamos arrastrándonos para llegar a la moto. Es hora de comer algo. El calor y la humedad acentúan el cansancio acumulado.

Nos hacemos con unos noodles baratos e incluso con un helado, y seguimos rumbo a nuestra última parada del día: Thien Mu Pagoda o la pagoda de la dama celeste.

Hasta ahora nos habíamos desplazado por la autovía y carreteras con poco tráfico, pero para llegar a nuestro último destino debemos de adentrarnos en la ciudad y el camino se vuelve más "interesante". Cruzamos otro puente diferente de Hue, esquivamos obras y los ríos de motos, y llegamos al templo. Como siempre, nos obligan a parar en un supuesto parking gratuito en el que después nos exigirán una consumición. La buena noticia es que, a diferencia de los puntos anteriores, para ver la pagoda no hay que pagar nada.

Templo budista Hue
Thien Mu Pagoda

Admiramos la construcción octogonal y los 21 metros de altura de la pagoda, intentando conseguir una imagen decente de la misma. Otra vez estamos rodeados de grupos numerosos de turistas. Nos adentramos en los jardines del templo y tenemos la suerte de ver a los monjes en su momento de oración. La paz que se respira en estos lugares siempre es contagiosa.

Nos disponemos a cerrar el día de "turisteo", no sin antes caer en las garras de grupos de estudiantes de inglés. Hablamos con un grupo de 5 estudiantes y una chica, siguiendo los mismos estándares de intercambio de frases estudiadas. Conseguimos salir esquivando otro grupo que nos seguía de cerca. Hay un momento que parece haber más estudiantes sueltos que turistas. Aunque es algo pesado al final siempre acabamos entablando conversación con alguno y riéndonos de la situación.

→ Entra aquí para leer nuestra guía completa de las visitas imprescindibles de Hue.


Volvemos a casa tarde y nuestro anfitrión San nos invita a unirnos a una cena familiar (según él) en el porche. Accedemos sin tener más información al respecto. A las 19:30 toca a nuestra puerta para avisarnos de que la cena está lista. Bajamos y nos encontramos la mesa (una bañera tapada por un cristal) abarrotada de platos de comida vietnamita y otras 3 huéspedes tan sorprendidas como nosotros por el despliegue. Nos estaban esperando. San y su madre se unen al festín y disfrutamos del banquete improvisado.

Entablamos conversación con las chicas inglesas y alemanas, y, en la medida que puede, con San. Finalmente llega un huésped nuevo y se une a lo que queda de cena y a la sobremesa. Se nos hace de madrugada dándonos consejos sobre los diferentes sitios que hemos visto en Vietnam e intercambiando opiniones. Algunos vamos hacia el norte, otros hacia el sur.

Día 26

El parque acuático abandonado

Nos dejamos para el último día la que, a nuestro parecer, es la atracción menos auténtica pero aun así entretenida de Hue. Se trata de un parque acuático abandonado, construido en 2004 y dejado para el olvido pocos meses después.

Estamos un poco indecisos sobre qué hacer; el cansancio acumulado no nos deja pensar con claridad, pero conseguimos alquilar la moto de San por medio día y sin meditarlo mucho más partimos en dirección al parque abandonado.

Recorremos el centro y la autovía ya como expertos entrenados en la conducción temeraria. 30 minutos después (que en la parte trasera de una scooter se hacen bastante largos) llegamos a lo que debería ser un parque acuático. La carretera de doble sentido se adentra en una especie de bosque de pinos y acaba en un arco sin indicación alguna. Hay un guarda sentado en la puerta que nos indica que no podemos pasar.

Hemos oído que no dejan entrar a los visitantes al primer intento pero que, enseñando algún billete acceden a dejarte pasar para visitar las "ruinas".

A pesar de la información que tenemos decidimos no insistir y dar la vuelta para intentarlo por el otro lado. Doblamos en el camino anterior y efectivamente llegamos a un terraplén que se encuentra prácticamente en el interior del parque.

Hay otro guardia a lo lejos pero nos hacemos los despistados y aparcamos la moto. El hombre, menudo y de aspecto cansado, se acerca y nos enseña un papel en el que leemos en inglés que no es posible acceder al parque, ya que no pueden garantizar la seguridad de los turistas. A lo mejor ya no dejan entrar a nadie por motivos de seguridad.

Insistimos hablando en inglés, pero el señor parece no entender nada hasta que sacamos la cartera, que intenta ver de reojo. Le pagamos una cantidad simbólica y nos disponemos a entrar cuando nos indica que nos llevemos la moto con nosotros. La lógica en Vietnam es así: No podemos acceder por motivos de seguridad pero si pagamos a quien debemos, no sólo entramos sino que también podemos llevar la moto para no tener que andar.

Qué hacer en Hue

Qué ver en hue

Entramos en los caminos abandonados y llenos de vegetación que rodean el lago Thuy Tien. Lo primero que nos encontramos es un anfiteatro, dispuesto alrededor de una piscina gigante llena de pintadas. A lo lejos, al otro lado del lago avistamos la estructura de un dragón que emerge del centro del parque. Volvemos a la moto y nos dirigimos a la atracción principal.

El camino tiene su encanto. No parece haber nadie más. Vemos las diferentes construcciones grises aparecer entre la vegetación y nos sentimos como en Parque Jurásico. Sólo se oyen los pájaros y el rumor del viento entre los árboles. Nos cruzamos con unas cuantas vacas y llegamos al dragón. El interior está totalmente lleno de pintadas, cristales rotos y basura. No entendemos cuál podría ser la función de semejante estructura. Hacemos varios intentos para subir a lo más alto y finalmente encontramos las escaleras que se adentran por el interior del falso anfibio.

Hay que decir que las vistas desde la cabeza del animal son impresionantes y el entorno del parque es cuanto menos inquietante, a la par que absurdo.

Acabamos por recorrer el resto de atracciones abandonadas y volvemos a la civilización. La excursión ha valido la pena.


Nos perdemos la cena familiar del día pero llegamos a tiempo para la sobremesa. Otra vez nos dan las 2 de la mañana hablando con nuestro grupo improvisado de viajeros, con los que, sin conocernos de nada, compartimos una manera similar de ver el mundo. Las experiencias de nuestro viajes por Vietnam derivan en conversaciones animadas sobre las comidas de otros países, lenguajes y gustos musicales.

Es sorprendente lo fácil y maravilloso que puede ser conectar con personas con las mismas inquietudes que uno mismo.

Hue parece una de las ciudades en las que podríamos parar un tiempo, pero nuestro siguiente destino es Hoi An y nos han hablado maravillas de su casco antiguo.

Empaquetamos a regañadientes pero con un buen recuerdo de esta colorida e imperial ciudad.

→ Si te ha picado la curiosidad y quieres visitar Hue, entra en nuestra guía completa de la ciudad. 

 

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