Día 79 – 82: Bangkok

Wat Arun
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Día 79

Cruzando fronteras

A las 7 de la mañana estamos listos, esperando a la fresca en nuestro jardín para que nos recoja la empresa de transportes que nos lleva a Bangkok.

Según nos dijo la chica a la que se lo contratamos, nos podrían recoger entre las 7 y las 8. Se dejan 1 hora de margen para no pillarse los dedos. Ni ellos se fían de sí mismos.

Sorprendentemente, a los 20 minutos nos recoge un alterado y malhumorado conductor de tuk-tuk. Nos sitúa a toda prisa en el carro y sale pitando. Para sorpresa de todo el mundo, acaba recogiendo a dos clientes más. 4 personas, nuestras 4 mochilas y las maletas pertinentes de los otros dos, encajadas como piezas de Tetris a punto de desmoronarse.

Por suerte el trayecto es corto. El conductor nos deja en una avenida relativamente grande, en la oficina de la empresa. Cada 5 minutos volvemos a ver aparecer a nuestro agitado tuk-tuk, trayendo más y más gente.

A las 8 (la supuesta hora de salida) todavía no hay ningún autobús a la vista y no hacen más que llegar turistas a la oficina. Unos minutos después aparcan 2 en la puerta del local. Los turistas se lanzan sobre el primero sin saber siquiera a dónde se dirige. Confirmamos que se trata de nuestro bus a Bangkok y montamos en el segundo (por desgracia).

Parecía imposible que cupiéramos todos en dos autobuses, pero parece que incluso sobra algún hueco.

Recogen los billetes por filas y revisan nuestro pasaporte. Vemos partir el primer vehículo, pero el nuestro no se mueve. Resulta que tenemos que esperar a 4 clientes rezagados. A las 8:45 parece que la cosa arranca, pero nos volvemos a parar. ¿Qué pasa ahora?

Esperamos en medio de una calle del centro para esperar a otras 3 personas (todos turistas). A las 9 (una hora después de lo previsto), por fin, salimos de Siem Reap.

Normalmente nos dan igual los retrasos (¿qué prisa tenemos?), pero hoy sabemos que nos espera un largo trayecto hasta Bangkok y queremos empezar cuanto antes.


4 horas de "carretera" después, llegamos a Poipet; el pueblo en el que está el paso fronterizo a Tailandia. Son las 12:00 y ni hemos desayunado; las paradas durante el trayecto han sido cortas.

Paramos en la transitada calle que lleva hasta la frontera y nos dicen que cojamos nuestro equipaje para hacer los trámites.

Nos han vendido el traslado como un traslado directo, sin cambio de bus. Otra mentira turística más.

Autobús a Tailandia
El bus dejándonos tirados

Resignados, nos bajamos al sol abrasador y nos calzamos las mochilas. Andamos 5 minutos hasta la caseta de salida de Camboya. Digo caseta porque realmente es eso: una habitación de menos de 10 metros cuadrados, con 6 ventanillas al fondo.

Nos agolpamos en la pequeña puerta de entrada. Mochila por delante y por detrás, más el calor asfixiante. A los 15 minutos las colas avanzan lo suficiente para que podamos entrar en el habitáculo lleno de ventiladores y ponernos en una de las filas.

Frontera Camboya Tailandia
Cola para salir de Camboya

Media hora después llegamos. Cogen el pasaporte, dejamos las huellas en un aparato digital y nos aprueban la salida del país. Primer paso completado. 

Seguimos la flecha a la salida de la pequeña oficina, que nos indica la dirección hacia el paso a Tailandia. Andamos otro tanto y nos encontramos con una cola eterna. No había sudado tanto en mucho tiempo.

El calor, el peso de las mochilas y el estrés de no saber qué toca ahora no ayudan para mejorar la situación.

Cruzar de Camboya a Tailandia
Hacia la cola nº2

Nos ponemos a la cola y nos entregan un papelito, sin decir más. Lo rellenamos con nuestros datos y esperamos. Cada 20 minutos abren un paso a una escalera y dejan pasar a un grupo de personas. Pasa casi una hora hasta nuestro turno de pasar.

Resulta que esta cola no es más que un "embudo" para otra cola. ¡Qué agonía! Esto parece un videojuego; poco a poco (y con mucho esfuerzo) nos acercamos al nivel final.

Subimos por las escaleras y entramos en otra sala, algo más grande que la primera. La típica sala cuadrada con varias casetas al final, donde pasas el control del pasaporte y te sellan la entrada al país. Por lo menos hay aire acondicionado.

El encargado de organizar la cola, consigue meter unas cuantas vueltas más, para encajarnos a todos en una línea. Esperamos casi 2 horas, avanzando de un lado a otro de la sala, para que en medio minuto nos sellen el pasaporte. Todavía no sabemos cómo lograron ser TAN LENTOS en el proceso.

Pisamos tierras tailandesas casi a las 4 de la tarde, sin haber comido nada en todo el día y con pinta de haber venido desde Siem Reap a pie. No estamos seguros todavía si nos ha valido la pena el ahorro del billete de avión.

Subimos a nuestro nuevo autobús y nos dejamos caer en los, casi, últimos asientos libres. El conductor nos dice que nos quedan entre 4 y 6 horas para llegar a Bangkok, dependiendo del tráfico. Una vez pasada la agonía de la espera, sentados (encajonados) en el último bus y con el aire acondicionado soplando en nuestra cara, nos da igual lo que queda.


En apenas 2 horas llegamos a los alrededores de Bangkok, pero tardamos otras 2 para llegar hasta el centro. El tráfico es una locura y hay tramos que apenas avanzamos.

Bajamos en el centro al fin. Intentamos negociar un precio con los taxistas, pero nos parece una locura lo que nos piden. Es verdad que el hotel está algo alejado, pero apenas hay que desviarse y ya no hay tráfico. Nos alejamos de la zona de llegada y acabamos encontrando un conductor que nos lleva al precio que nos parece razonable.

El hotel se encuentra en un callejón, en una zona residencial. Hay algún restaurante cerca y la parada del Skytrain está a 5 minutos a pie. Nos instalamos y cenamos allí mismo. Descansamos y cogemos fuerzas para explorar Bangkok mañana.

Día 80

Re-explorando Bangkok

Nos levantamos pronto. El desayuno en el hotel está incluido (tostadas, mermelada y café soluble).

Preguntamos a la dueña/cocinera/recepcionista por una casa de cambio. Todos los Bath que teníamos los gastamos en el taxi, y aquí nadie quiere cobrar en dólares. Queda una hora para que abra la casa de cambio, pero queremos ir al centro cuanto antes para llegar al Palacio Real antes de que lleguen las masas de turistas (te avanzo que no lo conseguimos).

Nos acercamos al Skytrain. La mujer antipática de la ventanilla tampoco quiere cobrar en dólares. Volvemos al hotel y la dueña nos deja dinero suficiente para comprar los billetes. La gente buena aún existe.

Adquirimos nuestro ticket del día (que después no usaríamos) y montamos en la línea que más nos acerca al centro. Resulta que el Skytrain tampoco llega a entrar en el centro de la ciudad y sirve, más bien, para moverse por la periferia y los barrios de compras.

Bajamos en la última parada y seguimos estando a varios kilómetros del Palacio Real. No queremos (mal) gastar más dinero y comenzamos a andar.

Bangkok no es lo que recordábamos hace 3 años y medio. Todo está ordenado y limpio, y apenas hay tuk-tuk, y si los encontramos son inflexibles con los desorbitados precios que nos proponen. Parecen no tener interés en trabajar. Después nos enteraríamos que las reglas del juego han cambiado. 

Paramos un tuk-tuk y nos pide muchísimo para llevarnos al centro. Seguimos andando y se nos acerca un señor preguntando por qué no lo cogemos. Le decimos que nos parece muy caro para ir al Palacio Real, a lo que nos responde que el recinto está cerrado al ser festivo (se ve que el calor no nos esta dejando pensar con claridad, ante la evidente mentira). 

Para a un amigo suyo, conductor, y nos dice que por 40 THB (apenas 1 €) nos lleva a ver dos budas y después al palacio (que casualmente abre por la tarde).

Antes de montar, nos advierte que parará en una tienda de sastrería para que echemos un vistazo, aunque no vayamos a comprar nada, ya que así obtiene un cupón gratuito para gasolina. Hasta aquí todo claro. Algo nos huele mal, pero el precio del transporte es tan ridículamente pequeño y hace tanto calor que nos da igual.

Qué ver en Bangkok
Lucky Buddha

Paramos en el templo del Lucky Buddha, en el que apenas hay gente. Damos un paseo, vemos el buda y un señor, empleado del lugar, nos advierte que paguemos lo acordado con el tuk-tuk al final, para que no nos deje tirados.

La siguiente parada es la sastrería. Entramos, nos hacemos los tontos y pedimos precio para un traje (¡150€ para un traje completo a medida!). A los pocos minutos el encargado se da cuenta de que estamos haciendo tiempo y nos da largas. Ya hemos cumplido.

Volvemos al tuk-tuk y esta vez paramos en un buda gigante, muy cerca del centro. Vamos a la entrada y resulta que hay que pagar. Seguimos sin tener moneda local, pero esta vez tenemos una casa de cambio a 5 minutos a pie.

Cuando salimos para ir a cambiar, nos damos cuenta de que el conductor se ha largado. ¿Qué clase de timo ha sido este? Nos ha acercado al centro, sin cobrar nada.

Ahora que sabemos que es una práctica normal de "timo" para conseguir gasolina gratis, volveríamos a hacerlo. Hemos visto dos budas que no habíamos visto y encima nos han llevado gratis. En fin.

Qué ver en Bangkok
Big Buddha Bangkok
Templos de Bangkok
Pidiéndole más viajes a buda

Conseguimos cambiar dinero y volvemos a ver el Big Buddha, en el que nos ha dejado "tirados" nuestro conductor. Un buda de unos 20 metros, cubierto de arriba a abajo de mosaicos dorados, se alza en medio de un patio. Recorremos el recinto y volvemos a nuestra ruta. El calor es insoportable.

Lo bueno es que ahora tenemos el centro a 10 minutos a pie. Conseguimos ver el Wat Ratchanatdaram, conocido por su Loha Prasat; una torre de 38 metros de altura, cuyo interior se concibió para el retiro y la meditación.

El interior es cuanto menos pacífico, pero lo impresionante son sus torreones dorados del exterior.

Templos Tailandia
La torre Loha Prasat
Templos Bangkok
Vistas de la Golden Mount desde arriba
Loha Prasat
Vistas desde la torre

Seguimos camino al Palacio Real y paramos antes para comer. Estamos desmayados.

En el camino descubrimos una pequeña caseta con información turística, en cuya ventanilla hay colgado un cartel de advertencia a los tontos de turno: "no te fíes de nadie extremadamente simpático" (hecho), "no creas a nadie que te dice que tu destino está cerrado a esas horas" (hecho), "no te fíes de precios demasiado bajos" (hecho)... No puede descuidarse uno ni un momento.

Nos sentimos más tontos de lo normal leyendo el cartel, pero la verdad es que no hemos salido perdiendo nada. Esta vez.

Por fin, después de comer y entre hordas de grupos de chinos llegamos al Palacio Real. No es normal la cantidad de gente que hay. El recinto es enrome, pero hay momentos en los que literalmente quedamos atascados, sin poder avanzar por los pasillos del recorrido.

Conseguimos vestirnos adecuadamente (alquiler de pantalón y compra de camisa incluido) y pasar el control. Pagamos la entrada, hacemos cola y entramos al patio principal. Los templos y pagodas son de lo más bonito que hemos visto. Decorados con mosaicos de cristales de colores y dorados, relucen con el brillo del atardecer. Desde luego aquí echaron el resto los tailandeses.

Palacio Real
Mareas de gente
Palacio Real Bangkok
El "discreto" palacio
Palacio Real Bangkok
Detalles

Igualmente, entre el calor y la cantidad de personas que hay, no disfrutamos del todo del espectacular palacio. Vale la pena pagar la entrada, pero, efectivamente, tendríamos que haber llegado a primera hora de la mañana.

Más o menos satisfechos con nuestra visita y con pocas fuerzas ya, nos dirigimos a pie a uno de los muelles del río Chao Phraya, para visitar el Wat Arun al otro lado de la orilla.

Esperamos en la cola a que llegue el barco-taxi, pagamos el billete (1€) y cogemos sitio. El traslado al otro lado del río apenas dura 5 minutos y nos deja en la misma puerta del templo. Aquí hay menos turistas, pero se acerca la hora del atardecer y va llegando cada vez más gente.

Nos quedamos maravillados con las torres que, en nuestra última visita estaban en obras y decidimos no visitar. Éstas también están cubiertas de mosaicos pero de cerámica, en tonos claros. Incluso se pueden apreciar piezas de vajilla, tomando forma de flores y dragones.

Admiramos la belleza de la construcción durante un rato, hacemos un descanso a la sombra y salimos a la carretera para (por fin) volver al hotel. Habría dado todo lo que tengo por un baño en una piscina ahora mismo.

Wat Arun Bangkok
Chao Phraya
Wat Arun
Los jardines del templo
Qué ver en Bangkok
Wat Arun
Wat Arun
Nuestras caras al final del día

Otra vez, los tuk-tuk de la puerta del templo nos dejan boquiabiertos con su pasividad y precios. Estamos en la otra punta de la parada más cercana del Skytrain, por lo que volver por donde hemos venido y aprovechar el ticket de día que ya hemos comprado, no es una opción. De hecho, estamos más cerca del hotel que de una de las paradas.

Empezamos a andar por la avenida principal. En algún momento pasará alguien que tenga ganas de llevarnos. Efectivamente (menos mal), a los 10 minutos pasa un tuk-tuk, se para y decide llevarnos al precio que queremos (¡aleluya!). Se equivoca un par de veces pero finalmente nos deja en la puerta del hotel.

Ha sido un día cuanto menos curioso y mal planeado, pero no hemos parado de conocer cosas nuevas de Bangkok.

Día 81

Trabajando en Bangkok

En nuestro segundo día en Bangkok, la idea es conocer los mercados flotantes de los alrededores, pero ayer gastamos algo de dinero de más y dimos tantas vueltas que no tenemos muchas más ganas de explorar nada, ni pasar calor en lugares masificados.

Por eso, decidimos buscarnos una cafetería fresquita para pasar el día trabajando. El hotel tiene mesas pero no hay aire acondicionado. Cogemos el Skytrain (por hacer uso) y paramos en la zona de los centros comerciales. Una zona muy "chic" con toda clase de comercios y centros comerciales futuristas.

Buscamos un local asequible y pasamos la mañana y parte de la tarde trabajando. Tanto es así que nuestra comida son unos sándwiches (benditos sándwiches de sandwichera) del supermercado.

Así los días también se aprovechan. Además, hemos aprendido a darnos treguas cuando no nos apetece "turistear" más, ya que suele convertirse en una tarea bastante estresante y (por suerte) tenemos tiempo suficiente como para tomarnos las cosas con calma.

Día 82

Feliz Navidad

Hoy sale nuestro vuelo hacia Chiang Mai a las 22:00, así que pasaremos nuestra cena de Navidad en el aeropuerto. Como no estamos con nuestra familia y amigos, en un país cuya religión mayoritaria es el budismo, el día pasa a ser como otro cualquiera. Además, el billete estaba muy barato.

Igualmente, tenemos que dejar la habitación del hotel de Bangkok a las 12, por lo que desayunamos, recogemos nuestras cosas y tomamos posición en el restaurante del mismo.

Por suerte, podemos llegar al aeropuerto con el Skytrain y un bus de conexión, por lo que no tendremos que preocuparnos de taxistas y precios desorbitados. Así, después de comer (y con bastante antelación) nos dirigimos al Skytrain que, después de 40 minutos de paradas y 1 trasbordo, nos deja en el norte de la ciudad.

Según hemos leído, sólo tenemos que salir de la estación y bajar las escaleras, para encontrarnos con la parada del autobús que conecta la ciudad con el aeropuerto Don Muang. Efectivamente, a los pocos minutos se acerca el vehículo nuevo y reluciente, que nos deja en la terminal del aeropuerto.

Sin más incidentes esperamos nuestro turno para facturar las mochilas, pasar el control y dirigirnos a nuestra puerta de embarque. Todo sale redondo, e incluso aterrizamos 10 minutos antes de lo previsto en Chiang Mai. Después de pasar dos fronteras por tierra, esto es pan comido.

Nos instalamos en nuestro nuevo hotel, en esta ciudad que nos gusta tanto y en la que no sabemos cuánto tiempo estaremos. Se acercan días de relax, pero también de planificación y quebraderos de cabeza. ¿Será que las posibilidades son tantas, que no podemos decidir un rumbo exacto al que dirigir nuestra aventura? Las decisiones que tomemos a partir de ahora marcarán el futuro de nuestro viaje.

Sea como sea, tenemos claro que, una vez comenzado el año nuevo, tendremos que empezar a tomar decisiones importantes.

Templos de Bangkok

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